Empezar diciendo que este fue un mes normal sería una gran mentira. Más bien podría decir que intentó ser un mes normal, pero no pudo. Así de fácil, no lo consiguió; la rutina se quebró en medio del agua insalubre del pensamiento.
Nada es lo que esperé, debo reconocer. Creí que estos treinta y un días serían treinta y una noches pensando en el próximo amanecer, en sí despertaría sonriendo o llorando, en sí los almuerzos serían apetitosos luego de aquellos sueños que me acompañaron. Y es verdad: nada es lo que esperé. Incluso, jamás esperé mucho que digamos. Más bien fui, como siempre, un ente activo dentro de la monotonía que puede llegar a formarse dentro del apaciguado mundo en el que alcanzo a vegetar cuando lo consigo.
Antes de comenzar debería terminar diciendo que fue un torbellino de sensaciones marcadas por los números. El moverse de un estado al otro, aplicar la física de los elementos a tal punto de llegar a transitar de un estado volátil a estar sintiéndose roca dura firme imperecedera en medio de los metales más poderosos que perfectamente podrían destruirte no es mentir, sino aseverar con fundamentos.
Morir muchas veces es vivir las mismas siempre sabiendo lo que viviste antes de dejar atrás lo vivido.
A través del pensamiento he ido captando la esencia del sentir, el cómo van de la mano el uno con el otro, tal como ella y él. Se abrazan, se besan, bailan y respiran sin saber siquiera que están construyendo algo maravilloso... ¿O lo saben? ¿Lo sentirán?
Nada es lo que esperé, debo mentir.
Día tras día, noche tras noche, intentando hallar el camino correcto para este andar con deseos de correr, para esta espera con deseos de acción. Noches enteras divagando entre los sueños reales y los sueños imaginarios, días completos surcando el límite entre la realidad certera y la realidad ficticia; tanto que fantasear en medio de arco iris bañados en tonos grisáceos y nubes coloreadas con lápices sin punta y borradas de cuajo con gomas sin materia. Mis dedos, mis manos, mis ojos y mi corazón se vuelven parte de un colchón que alcanza a soportar mi dignidad con orgullo.
Objetivo vendría siendo decir que este mes fue totalmente subjetivo, algo que jamás esperé esperar.
Mañana será hoy pero visto con otros ojos, nuevas fuerzas y un poco más de amor.
Empezar diciendo que este fue un mes normal sería una gran mentira. Más bien podría decir que fue un mes en donde cada interrogante que surge se responde tan solo con leer atentamente, en donde cada interrogante es la acción que resume el sentir... Pon atención, escuché, puedes perderte de algo realmente interesante.
Razones para decir que este no fue un mes normal sobran: sonreí, sonrío y sonreiré.