A ti


Que el recuerdo no te manche,
que la culpa no te roce,
que la risa no te huya,
que tu ser no te reviente,
que tus pasos no descansen,
que la duda no te ronde
que miradas no te sigan,
que el presente no te sufra,
que el pasado no te espante.

Entre más de uno


Dígame que siente…

-Nada.

¿Y por quien?

-Por nadie.

Usted no es humano

-Y quien dijo que lo era.

Viaje I


Decidimos alejarnos de lo superficial y nos embarcamos en un viaje nuevo, donde los silencios prolongados saciaban mis antojos.


El viento que se colaba por nuestros poros se agudizó, agua recorrio abdomenes ardientes y espaldas quebradas. Los cuerpos se unieron y los restos de hielo jugaban en el contorno de nuestras partes, en tu ombligo y un poco mas abajo, en mis pechos y mucho mas abajo.


Me largué a mi prisión con una dosis mas de esa susancia apoderadora de mentes en mi bolsillo. Me inserté un par de horas en los limites humanos y luego de unos llamados a mi paraiso infernal, ordené nuevamente mis maletas y me dispuse a ir contigo.


Enrrolamos un poco de creatividad, ilusión, placer, lujuria y mucha vida. Inhalamos sensaciones nuevas, la vista se nos encoje y nuestros ojos lloran sangre... llegamos a lo mas alto. Es aqui cuando otra vez el viento se mueve suave por mi cuello, mi piel se heriza, y deseo un pulso exagerado, una respiración agitada y dos cuerpos desprotegidos.


Empezaron, continuaron y acabaron.


Tu y yo tenemos un secreto tan secreto, que hasta los dos lo hemos olvidado.


Empezar diciendo que este fue un mes normal sería una gran mentira. Más bien podría decir que intentó ser un mes normal, pero no pudo. Así de fácil, no lo consiguió; la rutina se quebró en medio del agua insalubre del pensamiento.
Nada es lo que esperé, debo reconocer. Creí que estos treinta y un días serían treinta y una noches pensando en el próximo amanecer, en sí despertaría sonriendo o llorando, en sí los almuerzos serían apetitosos luego de aquellos sueños que me acompañaron. Y es verdad: nada es lo que esperé. Incluso, jamás esperé mucho que digamos. Más bien fui, como siempre, un ente activo dentro de la monotonía que puede llegar a formarse dentro del apaciguado mundo en el que alcanzo a vegetar cuando lo consigo.
Antes de comenzar debería terminar diciendo que fue un torbellino de sensaciones marcadas por los números. El moverse de un estado al otro, aplicar la física de los elementos a tal punto de llegar a transitar de un estado volátil a estar sintiéndose roca dura firme imperecedera en medio de los metales más poderosos que perfectamente podrían destruirte no es mentir, sino aseverar con fundamentos.
Morir muchas veces es vivir las mismas siempre sabiendo lo que viviste antes de dejar atrás lo vivido.
A través del pensamiento he ido captando la esencia del sentir, el cómo van de la mano el uno con el otro, tal como ella y él. Se abrazan, se besan, bailan y respiran sin saber siquiera que están construyendo algo maravilloso... ¿O lo saben? ¿Lo sentirán?
Nada es lo que esperé, debo mentir.
Día tras día, noche tras noche, intentando hallar el camino correcto para este andar con deseos de correr, para esta espera con deseos de acción. Noches enteras divagando entre los sueños reales y los sueños imaginarios, días completos surcando el límite entre la realidad certera y la realidad ficticia; tanto que fantasear en medio de arco iris bañados en tonos grisáceos y nubes coloreadas con lápices sin punta y borradas de cuajo con gomas sin materia. Mis dedos, mis manos, mis ojos y mi corazón se vuelven parte de un colchón que alcanza a soportar mi dignidad con orgullo.
Objetivo vendría siendo decir que este mes fue totalmente subjetivo, algo que jamás esperé esperar.
Mañana será hoy pero visto con otros ojos, nuevas fuerzas y un poco más de amor.
Empezar diciendo que este fue un mes normal sería una gran mentira. Más bien podría decir que fue un mes en donde cada interrogante que surge se responde tan solo con leer atentamente, en donde cada interrogante es la acción que resume el sentir... Pon atención, escuché, puedes perderte de algo realmente interesante.
Razones para decir que este no fue un mes normal sobran: sonreí, sonrío y sonreiré.

Una noche, un amancer, un atardecer.



Pesadillas intermitentes mezcladas difusamente con recuerdos distorsionados de un largo y fastidioso día. Voces enlazadas con sueños de extraña procedencia. Oscuridad observada desde la somnolencia. Horas que transcurren con la apariencia de semanas. Llamadas y mensajes nocturnos sin contestación de nadie. Impaciencia causada por un mp3 sin batería. Luces intermitentes de una ampolleta mal instalada consigue entrar por una ventana sin cerrar. Paseos a media noche por una casa que espera a la mañana con impaciencia. Dolor frente a un cuaderno al que no hay nada que contar. Hojas rotas tras apuntar palabras sin un significado claro. Amanecer que llega tarde. Desayuno atragantado, demasiado frío, demasiado caliente... Sueño impuntual mal recibido. Atardecer que llega sin saber, cuando estás tras una larga siesta en un sofá mullido y una manta con olor desaparecido.

Despídete

Herimos el viento cuando comenzamos a sospechar que lo nuestro agonizaba. Tarde nos dimos cuenta de que lo que la Tierra queria era que con nuestra felicidad moviesemos nuestros árboles. Cayó, y nuestras vidas, con todo y muerte, nos iban dejando. Se nos pasaban las horas sin saber que medicamento recetarle a nuestras almas para deshacernos de las cicatricez. La noche se comió todo, mi cuerpo, mis suspiros, mis anhelos, mi boca, mi alma, mi deseo y mi desesperación.

Jamás podría perdonarte que me hayas perdido.

Amar en estos tiempos es como decir una horrible palabra a voz suelta. Ya no se ama con todas sus consecuencias, ya no existe esa "necesidad" por así decirlo de no separarse de alguien. Hoy en día, cualquier cosa es reemplazada por otra; un amor, un amigo, un padre, una madre... porque todo se vuelve material.



Las cosas vienen y van y yo no me he acostumbrado aún a ello. Yo no estoy echa para esta época de oportunidades fallidas y besos falsos, mi cabeza no quiere más dicotomías, ni más luchas contra el otro ser que siempre se esconde. Las mentiras a nosotros mismos son las que más duelen, el dejar de sentir, o el olvidarse de como se quiere, o de como se puede querer. Es lo mismo que olvidarse de respirar, ¿no? El ser humano está hecho para respirar, para disfrutar, para gozar...



El ser humano se va a guiar siempre por sus instintos o por el falso amor ciego, o por la fe que se esconde tras millones de dólares en templos y crucifijos. El ser humano es soberbio, orgulloso, lujurioso, perezoso, inteligente a mas no poder, aprovechable... Se guía por el sabor de las cosas que ya ha probado y no por las que tienen que llegar. En estos tiempos ya no existen los matrimonios de película, o las parejas de antaño que morían amándose. No existen lazos de sangre ni de mente que una a una persona que es libre con otra, no existe persona ni ley capaz de limitar una tan alta responsabilidad como la libertad del hombre. ¿No es la creación perfecta? Entonces, ¿por qué elegimos pecar? Porque nos gusta, porque nos excita lo prohibido, porque deseo y prohibición son palabras ambiguamente desiguales que coinciden cuando una de las dos se presenta ante la otra.



Ya no hace falta pensar, ni querer, ni cuidar de las personas, porque se van a ir, porque no merece la pena retener nada en tu mente, porque todo se va. No merece la pena poner la mano en el fuego por nadie, porque nadie se quemará por ti, y si alguien tiene pretensión de curarte esas heridas, igualmente no habrá querido evitar semejante atrocidad. No merece la pena, no merece la pena gritar, ni colapsar cada eritrocito de tu cuerpo ni crispar cada fibra muscular, no vale, no vale de nada.



¿Que el corazón late rápido? Qué importa, sea lo que sea se irá, perecerá y se sepultará como se sepulta todo. Yo, hoy, envidio esa capacidad de las personas de poder olvidar, y de no acordarse de dónde sepultaron los sentimientos. A mí, también me gustaría no saberlo. El problema es que nadie me ha enseñado a sepultar, a olvidar, a perecer, y a no colapsar.



Por eso cada noche colapso pensando que yo algún día, también pereceré sin haber dejado marca suficiente en ningún corazón existente...

 

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