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Todo tiene un principio y un fin, y el que no lo quiere comprender es: Suicida o masoquista.
¿Álguien sabe algo más?
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FUMA, COGE Y BEBE QUE LA VIDA ES BREVE


Algoparati.




Somos perpetuos rehenes meciéndonos sobre el péndulo del reloj de la conciencia que da los más y los menos. Nos habita la insolencia de medirnos todo el tiempo: Somos tontos, somos bellos, somos malos, somos buenos, somos seres que juzgamos; es nuestra vara medida de cada paso que damos.Es sublime y es soberbio, es brújula en el destino, es el don que recibimos como designio divino. Somos jueces en la historia, del universo testigos, con la abstracción valoramos, con nuestra fe transgredimos, la decisión que elegimos le da sentido al camino. No revela la creación otro ser con este sino, sabemos como llegamos, sabemos que nos morimos, tenemos almas marcadas con ese sexto sentido.Arrastramos esta cruz y de su copa bebemos, si en vez de amar lastimamos es solo porque queremos.
Nunca me han gustado los ascensores. Tal vez sea por mi maniática forma de vivir o simplemente maña que se adquiere con los años. Más bien pienso que mi odio se debe a su diminuto espacio, no te permite respirar, porque todo el aire que respiras está previamente respirado.Tan llenos de espejos, me desesperan, como si no fuera suficiente la cantidad de gente que se aglutina en estos..., como podríamos decirle, lugares? dejémoslos en recintos; Estos recintos se llenan, y más encima por efecto de estos espejos se ve el doble, incluso el triple de gente. Como si fuera poco, la obstrucción de mi aparato respiratorio pasa a sufrir una suerte de sofocación síquica. Es terrible, porque nadie hace nada pero a la vez todos intentan hacer algo, las conversaciones se coartan, son miradas esquivas, cordiales y a veces molestas, en fin cada uno con su forma de expresarse ante un inquietante y hostil recinto que lo único que alcanza a ser es un espacio de transición insignificante al tiempo. Aquí es dónde mi carácter se vuelve débil, dónde mi cerebro pretende cavilar acontecimientos trascendentes, mostrarme pensante, con preocupación, en apuros, en fin, cuanto necesito un cigarrillo en éste encuentro, pero me está vedado enmascararme, solo mi mente razona y mis muecas me camuflan la incesante incomodidad de sentirme en observación. Entre reflejos de espejos, tal como un abrir y cerrar de ojos fue como lo encontré.No más alto que lo justo, del talle de un traje y desordenadamente distinguido capturó mi atención de inmediato, apoyado sobre el reflejo del espejo. Me llamó con sus sentidos, fue imposible rechazarlo. Su aroma, madera, brazas, fuego, un olor penetrante pero que suavemente recorrió cada sendero en mi organismo.Su sombra se desdibujaba en un piso, reluciente, lleno de surcos y vetas, me distorsionaban el instante, me indicaban diversas direcciones, un puzzle laberíntico en mi pensar, pero yo insistí y contuve el aire para impregnarme de su piel. La timidez me abruma me siento ante el animal feroz de la selva, de esta selva momentánea y atemporal. Me sentí intimidada, me inundaba con pensamientos mágicos, eróticos, eternos. Su rugir era el silencio de su respiración, rítmica, pausada pero sinfónica. Quise estar más cerca, palpar su respiración, acercarme y sentir la tibieza abrigadora de aquella respiración. Los minutos se detuvieron y yo avancé hasta sus labios. Malditos volcanes de pasión!, dulce poción hinchada por besos. Tan frágiles, tan fuertes, humedecidos por tu lava que los tiñe del rojo del atardecer. Como quise besarlos! Me llamas y contesto, contesto con mis ojos, te sonrío con ellos e intento encontrar los tuyos en aquel espacio. Nunca antes la dimensión de un cuadrado me pareció tan cercana y agradable, era pequeño, pero tu lo empequeñecías más y más con tu respiración, como un compás del tiempo que marcaba en mi reloj.
Hay días como este, en los que pareces olvidar por completo lo que es y podría ser. Hay días como este, en los que parezco estar en el limbo, en la nada, estar donde están las cosas que se dejan al olvido y al tiempo que no va a regresar. Hay días como este y como otros, en los cuales el destino, ese que nos unió, nos amenaza con recordarnos que podemos perder cada cosa que nos ha dado de la misma manera que nos llego. Hay días en los que me prometo aceptar perderte y dejarte ir, hay otros en los que rompo esa promesa. Hay días en que realmente no se cuanto mas podría resistir tu permanente ausencia, tu espacio vació y mi soledad a tu lado. Hay días peores, en los que me inclino por la opción menos dolorosa que me das: guardar la esperanza que recuerdes pasar fugazmente por tu vida y darme el oportuno consuelo de saber que jamás te dolerá el final de nuestra historia. 
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