
Ella se despierta todas las mañanas a mirarse al espejo... le recuerda al alma la imagen de su cuerpo. Descompone aquellos elementos tan extraños del tablero, no se entiende, no se logra fusionar con él... pero lo observa, todos los días lo observa. Aquellas manos que se mueven por inercia, aquellos latidos que cuenta sin razón, aquella evolución hacia un fin que no puede evitar. La ligereza de sus partículas y la pesadez de su alma...
Ella es la espectadora omnisciente de su realidad, ha mandado a su cuerpo a recorrer el mundo; el externo y el de las sensibilidades... quisiera dejar de ser alma por un momento, para entregarse por completo a sus poros, al mundo de las percepciones que observa, pero que no le pertenecen...
Le agrada verse aún cuando no distingue el rostro, y tiene miedo de abandonarse por completo... ¿Qué haría ella sin esos ojos que le definen el mundo?, ¿Qué haría ella sin contar el ritmo?
¿Qué haría ella...cien por ciento intangible?



