Herimos el viento cuando comenzamos a sospechar que lo nuestro agonizaba. Tarde nos dimos cuenta de que lo que la Tierra queria era que con nuestra felicidad moviesemos nuestros árboles. Cayó, y nuestras vidas, con todo y muerte, nos iban dejando. Se nos pasaban las horas sin saber que medicamento recetarle a nuestras almas para deshacernos de las cicatricez. La noche se comió todo, mi cuerpo, mis suspiros, mis anhelos, mi boca, mi alma, mi deseo y mi desesperación.
Jamás podría perdonarte que me hayas perdido.






