Despídete

Herimos el viento cuando comenzamos a sospechar que lo nuestro agonizaba. Tarde nos dimos cuenta de que lo que la Tierra queria era que con nuestra felicidad moviesemos nuestros árboles. Cayó, y nuestras vidas, con todo y muerte, nos iban dejando. Se nos pasaban las horas sin saber que medicamento recetarle a nuestras almas para deshacernos de las cicatricez. La noche se comió todo, mi cuerpo, mis suspiros, mis anhelos, mi boca, mi alma, mi deseo y mi desesperación.

Jamás podría perdonarte que me hayas perdido.

Amar en estos tiempos es como decir una horrible palabra a voz suelta. Ya no se ama con todas sus consecuencias, ya no existe esa "necesidad" por así decirlo de no separarse de alguien. Hoy en día, cualquier cosa es reemplazada por otra; un amor, un amigo, un padre, una madre... porque todo se vuelve material.



Las cosas vienen y van y yo no me he acostumbrado aún a ello. Yo no estoy echa para esta época de oportunidades fallidas y besos falsos, mi cabeza no quiere más dicotomías, ni más luchas contra el otro ser que siempre se esconde. Las mentiras a nosotros mismos son las que más duelen, el dejar de sentir, o el olvidarse de como se quiere, o de como se puede querer. Es lo mismo que olvidarse de respirar, ¿no? El ser humano está hecho para respirar, para disfrutar, para gozar...



El ser humano se va a guiar siempre por sus instintos o por el falso amor ciego, o por la fe que se esconde tras millones de dólares en templos y crucifijos. El ser humano es soberbio, orgulloso, lujurioso, perezoso, inteligente a mas no poder, aprovechable... Se guía por el sabor de las cosas que ya ha probado y no por las que tienen que llegar. En estos tiempos ya no existen los matrimonios de película, o las parejas de antaño que morían amándose. No existen lazos de sangre ni de mente que una a una persona que es libre con otra, no existe persona ni ley capaz de limitar una tan alta responsabilidad como la libertad del hombre. ¿No es la creación perfecta? Entonces, ¿por qué elegimos pecar? Porque nos gusta, porque nos excita lo prohibido, porque deseo y prohibición son palabras ambiguamente desiguales que coinciden cuando una de las dos se presenta ante la otra.



Ya no hace falta pensar, ni querer, ni cuidar de las personas, porque se van a ir, porque no merece la pena retener nada en tu mente, porque todo se va. No merece la pena poner la mano en el fuego por nadie, porque nadie se quemará por ti, y si alguien tiene pretensión de curarte esas heridas, igualmente no habrá querido evitar semejante atrocidad. No merece la pena, no merece la pena gritar, ni colapsar cada eritrocito de tu cuerpo ni crispar cada fibra muscular, no vale, no vale de nada.



¿Que el corazón late rápido? Qué importa, sea lo que sea se irá, perecerá y se sepultará como se sepulta todo. Yo, hoy, envidio esa capacidad de las personas de poder olvidar, y de no acordarse de dónde sepultaron los sentimientos. A mí, también me gustaría no saberlo. El problema es que nadie me ha enseñado a sepultar, a olvidar, a perecer, y a no colapsar.



Por eso cada noche colapso pensando que yo algún día, también pereceré sin haber dejado marca suficiente en ningún corazón existente...

Veneno de Humanidad


Me despierto justo
cansado un sueño despues
del desprecio bruto
que filtra esta humanidad.

Las miradas frías
también me pueden vaciar,
se respira hielo
de golpe puedo quebrar.

Una ola de deber
llega siempre hasta mis orillas
y el dolor lava mis pies
o se escurre entre tus rejillas.

Y si vos te vas
me siento tan poca cosa,
pero cuando estás,
me pierdo en esa obscura nebulosa.

Bronca derramada
escondida bajo el mantel,
no se dice nada
y se miente tanto después.

Esa copa volcada
una mancha puede traer,
que se fundan las ganas
y que el mundo gire al revés

Me despierta el susto
del sueño que no soñé
tu desprecio es bruto,
VENENO DE HUMANIDAD.

Bersuit Vergarabat

Lo urgente no debe nunca ganarle a lo importante


”Lo urgente no debe nunca ganarle a lo importante”. Lo leyó en un diario, quizás en una revista. No es importante. Ese mismo día decidió subir a la micro equivocada, recorrer calles ajenas, faltar a la universidad sin explicaciones, sin excusas. Susurró las palabras más bizarras dotadas de la belleza de lo genuino en los oídos del hombre más hermoso. También del más feo. Bebió hasta vomitar sus miserias. Fumó marihuana hasta reír de verdad. Jugó a ser otra hasta que fue ella misma. Recorrió los caminos sinuosos de un destino incierto. Se perdió en ellos hasta encontrarse con la verdad, (si es que existe). Se burló del tiempo y sus minutos. Desnudo las ganas que acechaban en su pudor. Se desnudo. Lloró hasta sentirse vacía. Le pegó a la rutina una patada en el culo. Devoro como un animal hambriento aquello que el doctor le prohibió. Odio a la gente. Se amó a si misma. Perdono a sus enemigos. Guardo rencor hacia aquellos que siempre dijeron lo que deseaba escuchar. Desafío a Dios y a la muerte, a la suerte y a la mala suerte. Sintió miedo pero no vergüenza. Destrozo su fachada, vislumbró la dignidad. Dejó lo urgente de lado, se abrazo a lo importante…quizás fue feliz. Quizás no. Durmió, soñó, despertó y tomo el camino correcto. El de todos los días.

Apetito




Te apetece, mucho. Las vibraciones suben en ondas desde la uña gorda del pie, hasta el mechón imposible de aplacar en las mañanas. Es una constante en tu mente, antes incluso que poner algo en el refrigerador; sales de casa con la idea a cuestas y va contigo adherida a tu ropa, desprende un aroma.

Te apetece, intensamente. Pasas junto al reloj tratando de descifrar cuál es tú formula, cómo has hecho para mantenerte firme, el espejo se engaña con tu apariencia. Sigue siendo una constante, adquiere la forma de las ruedas, del asfalto, de tu comida; llena la taza junto al café y con el café se diluye en tu boca.

Te apetece, nostálgicamente. Sabes que mientras las calles de la ciudad se burlan de tu mano vacía, una oleada de calor húmedo te llegó a las mejillas delatando la idea. La constante se verbaliza “no he tenido noticias” respondes a la necedad de la pregunta. Sientes la noche caer, trozo por trozo sobre la noche del suelo, quedas en medio de dos oscuridades. Suena el teléfono.

Te apetece, explosivamente. Revives los caminos, las calles, los espacios y no importa, crees que no importa. En medio de dos oscuridades tus manos despiertan a la memoria de los dedos, reconocen ¿Qué importa si dices nunca más por décima ocasión? La constante es ahora universal, confundes madrugada con noche, noche con alba y alba con ese ínfimo instante, cuando tus ojos volaron en blanco y su boca, boca incierta, te cubrió.



Te apetece, duermes con la culpa entre piel y huesos. Despiertas y vuelas de puro sentimiento.



 

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